“Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado mercado de valores. Lo conocí por primera vez en 1926 y fue una sorpresa agradable descubrir que yo era un negociante muy astuto, o por lo menos eso parecía, porque todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero, ¿quién lo necesitaba? Podía cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto de aquel enorme tablero mural y la acción que acababa de comprar empezaba a subir inmediatamente.[...] Lo más sorprendente del mercado en 1929 era que nadie vendía una sola acción. La gente compraba sin cesar. [...] Yo lamentaba desprenderme de cualquier acción, pues estaba seguro de que iba a duplicar su valor en pocos meses [...] El fontanero, el carnicero, el hombre del hielo, todos estaban anhelantes de hacerse ricos y arrojaban sus mezquinos salarios y en muchos casos su ahorros de toda la vida en Wall Street.[...] El día del hundimiento final, mi amigo Max Gordon, antaño asesor financiero y astuto comerciante, me telefoneó desde Nueva York. En cinco palabras lanzó una afirmación que, con el tiempo, creo que ha de compararse favorablemente con cualquiera de las citas más memorables de la historia americana. Me dijo: “Marx, la broma ha terminado”.
Groucho MARX, Groucho y yo, Barcelona, Ariel, 1975.
Tras leer el texto, realiza un resumen del mismo, explica brevemente su contexto histórico y redacta una valoración personal.

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